Sábado, 20 julio 2019
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TOCATA Y FUGA… DE TALENTOS

¿​Quien no se ha preguntado a que se dedicaran nuestros hijos? A esa pregunta le podremos añadir otra ¿Donde se dedicaran a ello?
Desgraciadamente en los últimos años es habitual que profesionales de distintos ámbitos tienen que irse fuera si quieren progresar minimamente, dándose una imparable fuga de talentos.
La música no iba a ser una excepción.
Insertamos aquí un reportaje que el diario El Mundo realizó sobre el éxodo de músicos de primerísima linea.​

Me gustaría tocar en España… Pero no puedo’

Macías, Andrada, Esnaola y Prego.
“Soy un privilegiado. Vivo de la música, doy clase en una universidad estadounidense que me paga muy bien y me cuida mucho, doy mis conciertos allí, también algunos pocos en España, aunque quiero dar más… Pero el grueso de los músicos es gente que está pasándolas canutas y que trabaja en cualquier otra cosa que no tiene que ver con esto. O que está en conservatorios dando clase por 1.400 o 1.500 euros al mes, trabajando como bestias, y ya estoy hablando de mucho dinero, que hay quien lo hace por 800. Si la situación en España fuese buena, estaríamos aquí, mi mujer y yo. No sé si en este preciso momento, pero de aquí a unos años volvería. Estoy feliz y que me quiten lo bailado, pero me gustaría regresar”.

El testimonio de Ignacio Prego (Madrid, 1981) sintetiza la situación de exilio de miles de jóvenes músicos españoles que se ven obligados a emigrar a algunas de las orquestas e instituciones más prestigiosas del mundo y que, en muchos casos, preferirían desarrollar su labor en el país en el que nacieron.

Prego, clavecinista y pianista, trabaja en la Universidad de Yale como profesor y artista residente, forma parte del programa de música antigua de la Escuela Juilliard, ha ganado el concurso internacional de clave Westfield y ha actuado en el Lincoln Center y el MoMA de Nueva York. Su último lanzamiento discográfico es un doble CD con las ‘Suites francesas’ de Bach para el sello Cantus. Un currículo de primer nivel, igual que el de Lucas Macías (oboe solista en el Concertgebouw de Ámsterdam), Luis Esnaola (violín en la Tonhalle Orchester de Zurich) y Clara Andrada (flauta solista en la Orquesta de la Radio de Frankfurt). Guillermo García Calvo (director de numerosas producciones de la Ópera de Viena) y Juanjo Mena (director titular de la Filarmónica de la BBC) también triunfan desde el foso en el extranjero. Una sangría de talento español que parece no tener fin.

Prego, que actualmente prepara una grabación de las ‘Variaciones Goldberg’ para cerrar un círculo en torno a Bach, ha conseguido reconocimiento gracias a su apuesta por el clave y el repertorio anterior al clasicismo. “Se puede considerar que, hoy en día, la música antigua es hasta una revolución. Mundialmente. En Estados Unidos, que ha estado un poco más retrasado que Europa, tiene una proyección y un futuro increíbles”, explica. “Las posibilidades son interminables. Hay mucho por explorar y descubrir. De hecho, lo veo un campo mucho más liberal y abierto que el canon clásico, en el que al final hay un repertorio que se repite, y todo el mundo toca los mismos estudios de Chopin, los mismos scherzos…”.

Sin embargo, a pesar de este ‘boom’, Prego lamenta la falta de acogida en España. “Es cierto que la cultura en España, y no digo ya la música, está muy maltratada. Y desde muchos puntos de vista: en lo económico, en cuestiones de impuestos o de nuevas leyes que son absolutamente un desastre”, protesta. “Se presta muy poca atención al sistema de conservatorios. Un sistema que no permite que una persona con una carrera internacional, pero sin título en conservatorio español, pueda tener cabida. Es decir, que un Barenboim hoy, oficialmente, no podría dar clase en el conservatorio de Atocha. Al político de turno le da igual, igual que a las consejerías de Cultura. Y nadie se queja, porque al final acabas tocando y te arreglas”.

“Lo que hace falta en España”, sostiene el clavecinista, “es un cambio de mentalidad; ya no es sólo una cuestión de poner en la diana a los políticos. El público tiene que involucrarse, sobre todo la gente realmente aficionada a la música. Quien va a un concierto tiene también que pensar la manera en la que pueda colaborar. El problema es que no existen los canales. Por ejemplo, leyes de mecenazgo que faciliten que una donación esté exenta de pagar impuestos. Mi experiencia en EEUU me demuestra que no hace falta pasar siempre por los políticos o la subvención”. En ese sentido, le parece “escandaloso que la gente que tiene posibilidades económicas o fundaciones tenga un compromiso con el patrimonio musical español que, salvo honrosas excepciones, deja mucho que desear”.

Luis Esnaola (Madrid, 1985) es el único español en la Tonhalle Orchester de Zurich. “Sólo puedo decir cosas buenas: estoy muy contento, tocando en una orquesta excelente, a un nivel muy alto y con directores muy buenos“, relata en tono feliz. “Y también porque, aparte de la estabilidad que te pueda dar un trabajo en una orquesta así, también deja tiempo para otros proyectos. Los músicos muchas veces tenemos ese dilema: qué dirección tomar. Está la vía solista, la más pedagógica, la camerística, la orquestal… Algo se sacrifica al apostar por la orquesta, pero, en mi caso, tengo tiempo y me dan la oportunidad de organizarme tanto dentro como fuera de Suiza”.

“La idea de vivir en España me encantaría. Pero ahora es casi implanteable”, explica, ya con la voz más gris. “A ver, no del todo, porque tengo amigos españoles que son muy buenos músicos y que han decidido volver. La opción suele ser que consiguen ganar una oposición para una de las pocas plazas en un conservatorio superior, con unas condiciones peores que las que había hasta hace poco, como que en muchos casos ni se les paguen los veranos. Cobran menos pero son muy activos y dan muchos conciertos”.

“Es una pena”, sigue lamentando, “porque, a pesar del talento musical tan alto que hay en España, es difícil encontrar una situación en la que estar satisfecho. No se nos da la oportunidad de que toda esa gente buena que está fuera podamos regresar, a pesar de todo lo que ha invertido España en nosotros”. Y lanza una puya contra las administraciones: “Ha sido llegar la crisis y lo primero que han hecho es subir el IVA de los espectáculos culturales a un porcentaje escandaloso del 21%. Y las revistas pornográficas están al 4%. Eso lo dice todo”.

Olvídese de la seriedad

Lucas Macías (Valverde del Camino, 1978) pertenece al Concertgebouw de Ámsterdam, que año tras año suele liderar la lista de las mejores orquestas del mundo. “Es una institución que, aparte del prestigio y la historia que tiene, funciona a las mil maravillas: muy seria y muy exigente, pero donde se hace el trabajo muy bien”, explica él.

Un panorama muy distinto al de nuestro país, según él: “Si alguien aspira a formar parte de una orquesta de prestigio, en España no tiene nada que hacer, porque no hay ninguna. Hay orquestas que tocan bien, pero nada que ver con Ámsterdam, Viena o Berlín, porque en España la tradición de la música clásica no tiene ese recorrido. Se puede regresar a España, pero entonces hay que olvidarse de la seriedad, del nivel altísimo del conjunto, de tocar en las salas más importantes y con los mejores directores del mundo…”.

Y habla de otro de los defectos que se suelen asociar con lo hispánico. “Los holandeses apoyan mucho lo suyo y en España no”, asegura. “He regresado tocando como solista con Abbado. De hecho, con los conciertos de Madrid y Zaragoza hicimos un disco que acaba de ser premiado. Pues bien, ninguna orquesta andaluza, y soy andaluz y he sido becado por la Junta, me ha invitado a tocar como solista. En Holanda sería impensable”, se queja.

Clara Andrada (Salamanca, 1982) es, a pesar de su juventud, una veterana en esto del exilio. “Llevo 10 años trabajando como flauta solista de la Hessischer Rundfunk. Se me han hecho cortos: buena señal, supongo”, explica. Y su descripción de la orquesta dibuja un horizonte ideal de cómo podrían ser las cosas en España: “La Hessischer Rundfunk es una orquesta con músicos procedentes de 15 países diferentes. Los alemanes siguen siendo mayoría. Su internacionalidad muestra parte de su carácter: acogedor y flexible. Hay muy buen ambiente y desde el primer momento sentí una gran aceptación y apoyo”.

“En mi sección”, enumera, “somos cinco flautas: dos solistas, un solista de piccolo, y dos tuttis más. Esto me permite tener una plaza al 50% para poder seguir cultivando otras facetas que considero importantes, como la de solista, música de cámara y actividad docente. Esto es ideal para poder refrescar y cultivar la orquesta con diferentes influencias provenientes del encuentro con diversos músicos y personalidades”. Igual que estos casos, muchos jóvenes intérpretes hacen las maletas cada año. Su experiencia aún no provoca la indignación que desata la emigración de ingenieros, científicos o médicos españoles, pero las consecuencias pueden ser tanto o más graves para el espíritu del país. Para Ignacio Prego, “muchos políticos se llenan la boca con el patriotismo y el verdadero patriotismo me parece defender lo realmente nuestro. Si estás todo el día con que si España por aquí y España por allá, y luego te dedicas a dar patadas a quienes son los altavoces de la cultura española, mal asunto”.

Acerca de AMPA

Asociación de Madres y Padres de Alumnos del Conservatorio de Música Juan Crisóstomo de Arriaga de Bilbao.

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